PROV' Aro Vulturi.
Esperé a que Heidi llegara. Estaba muy sediento. Renata, que estaba a mi lado, obviamente sintió la presión que yo llevaba encima.
-¿Amo?-preguntó y yo negué con la cabeza.
Los Vulturi eran muchos, pero muy pocos tenían talentos realmente especiales. Necesitaba talentos lantentes muy buenos para intimidar. Claro que siempre contaba con Jane y Alec. Marco ya no era de mucha ayuda con Chelsea en nuestro grupo. Hablando de Marco, estaba acurrucado en un rincón. No había sido el mismo desde la muerte de su esposa, mi hermana, Dídima. Oímos susurros y voces entrecortadas y me agazapé enposcicón fetal. Renata me siguió y varios sisearon. Heidi abrió la puerta y varios turistas entraron, sin la menor idea de qué les esperaba.
Me lancé sobre una mujer. Le rompí el cuello con un rápido movimiento de muñeca y le abrí la garganta. Se agotó pronto y vi un montón de niñas de algún orfanato, con delantales azules. Estaban horrorizadas, gritando. Jane se hizo con una de ellas. Tome a una castaña y la agoté demasiado rápido. Las pequeñas se echaron a correr, menos una, que se quedó en su sitio. Jane y Alec corrieron hacia ellas. Tomé a la niña por el pelo y la arrastré a tirones hasta una esquina. La chica no gritó ni cuando la lancé salvajemente a la pared. Sólo se sentó, muy quieta.
-Hola Aro.-dijo con voz aguda y me paralicé.
Necesité cada fibra de autocontrol que tenía para no abalanzarme sobre ella. Ignoré el olor de la sangre y el sonido de vampiros alimentándose. La chica tenía el pelo de un impresionante color rojo, del color de las cerezas. Lo llevaba hasta la mitad de la espalda, ondulado. La piel pálida y los ojos muy grandes y azules. Era muy pequeña de estatura y estaba, al igual que las demás niñas huérfanas, en los huesos. Algunas pecas le adornaban las mejillas, donde se veía el paso angustioso de la sangre. Me controlé. La chica máximo tendría trece años.
-Tu nombre.-exigí.
-Ariela Lune.-respondió ella
-¿Cómo me conoces?-le pregunté.
Ariela se sonrojó y se levantó poco a poco, para no atraer la atención de ninguno de los vampiros y para no alterarme. Me ofreció la palma de su mano, extendida. La tomé, pero ningún recuerdo me inundó. Ella sonrió. No podía escuchar sus pensamientos. Entonces volteó su mano, sosteniendo la mía.
"Yo... puedo leer a las personas. No sé cómo lo hago, pero sé sus secretos más oscuros, qué son, sus preocupaciones... A las personas que se los he dicho... no me han vuelto a hablar. Pero tú eres diferente. Eres un vampiro... ¿no? Si no, no tengo otra explicación coherente a lo que está pasando"
Sin imágenes ni nada, la escuché dentro de mi cabeza, resonando. La tomé de la mano y la cargué en mi espalda. Me alejé de ese infierno de olores y procuré mantener la respiración para que el olor frutal de Ariela no me hiciera matarla mientras la convertía. La llevé a la sala de conversión y la esposé con cadenas a la camilla metálica. Aparentemente, Ariela ya se había formado una idea de qué pasaba, por que no se movió ni resistió. Tantee su cuello hasta que encontré la vena más gorda. La apreté con la uña y se hinchó, azulada. Guié mis dientes hasta ella, le di una rápida mordida en la que inyecté la máxima cantidad de veneno y salí corriendo de la habitación, olisqueando por algún turista perdido.
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Ja, Ja, bueno, aquí un nuevo blog!!! Espero que les guste <3 <3